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domingo, 22 de marzo de 2020

LA NUEVA IZQUIERDA




“Dad crédito a las obras y no a las palabras”
 

Mas las obras suelen pasar desapercibidas gracias a las palabras que causan embobamientos, querido Sancho, especialmente para los menguados en sapiencia que, embaucados por esbirros y secuaces de poderosos en forma de políticos, periodistas, profesores y propagandistas, hozan en la zahúrda ideológica del momento y consumen el pienso de las ocurrencias, que no ideas, enlatadas que les proporcionan.

Te cuento que siendo joven yo también hocé en tal modo, excitado por las ideas que absorbí de mi entorno y me convertí en un activo defensor del pobre, del obrero explotado y de la gente humilde en general. La indignación de ver las injusticias y las desigualdades corroían mis adentros y, al igual que otros muchos millones de jóvenes, me alineé con aquellos movimientos que presuntamente defendían la igualdad de las personas, que defendían a los pobres y a los menesterosos pero cometí un grave fallo: simplemente estudié y leí. Sí, estudié y leí. Y bebí de argumentos emanados desde todas las posiciones ideológicas, y es que maldito es el defecto de la paciencia y del interés por escuchar distintas versiones, o la resignación para admitir el sufrimiento intelectual que conlleva analizar y reconocer los propios errores hasta curar las diarreas mentales que nos provocan esas gentes con sus propagandas.

Porque no sólo basta sorber la cutre historia y la filosofía que nos imparten en los distintos niveles de enseñanza académica sino que es preciso leer y comparar las versiones de otros historiadores y pensadores a modo de lavativa desinfectante. Y finalmente te das cuenta que cada cual tiene su corazoncito y que todos esos pensadores tienen algo de razón, que intelectualmente ¿suelen ser honrados? pero no por ello sus planteamientos están libres de errores. Muchos errores. Quien tenga la verdad absoluta que tire la primera piedra, querido Sancho. Y lo que resulta irrisorio es escuchar a quienes se autoproclaman y autoperciben como individuos de tal o cual posición política sin conocer mínimamente sus postulados, especialmente quienes se autoproclaman de izquierdas sin haber leído a Marx, al insufrible, aburrido y petardo Karl Marx, lo cual supone una verdadera odisea de castigo intelectual.

Bien sabes por tu natural raciocinio que simplificar en teorías o proponer tesis resulta casi siempre injusto puesto que se omite, se discrimina y se olvida gran parte de la realidad. Además existen teorías o tesis que son erróneas en sí mismas. Por otro lado, someter a debate tus propios conocimientos y tus ideas con la intención de enjuiciar distintas posiciones sin dejarte embaucar por ellas suele enriquecer la mente, sobre todo si procuras apartarte de dogmas y fanatismos. Pero a lo que vamos. Antes un inciso: Siempre recuerdo en situaciones como esta a mi admirado profesor Fermín Camacho Evangelista (sirvan estos comentarios de humilde homenaje), quien me dijo en cierta ocasión: - Ten cuidado, la realidad se resume en los manuales, yo resumo los manuales en las clases, tú resumes las clases en apuntes y luego resumes los apuntes en esquemas que es lo que finalmente estudias, así corres el peligro de no enterarte de la realidad.

No te voy a contar lo que sucedió tras tus andanzas, durante la época de la Ilustración y de la industrialización, ni cómo las personas huían de la miseria del entorno rural hacia las ciudades buscando un trabajo para sobrevivir, provocando un exceso de oferta de mano de obra que los dueños de las primeras industrias utilizaron para explotarlas miserablemente, dueños no sólo de la industria sino también amos y señores de los políticos del momento, cuestión habitual, así como promotores de las revoluciones liberales con el fin de eliminar a las clases aristocráticas y a las monarquías y tomar su poder, eso que los historiadores llaman el fin del Antiguo Régimen y que nada tiene que ver con el asunto de las dietas que tanto tú como yo sufrimos a menudo. Así esos ricos burgueses controlaron los nuevos gobiernos bajo el paraguas ideológico liberal, para defender su propiedad privada, para manejar el cotarro legislativo, ejecutivo y judicial en su propio beneficio disponiendo asimismo de las fuerzas de seguridad a las que ordenaban aplastar las revueltas de los proletarios.

Curioso. Los proletarios eran los soldados pobres de la antigua Roma inicial (siglos VII a III AC), cuando los padres de las familias pobres no podían aportar al ejército ni armas, ni caballos, ni otros bienes, y aportaban sólo a su prole, a sus hijos: los proletarios. Pues bien, la situación de miseria y de impotencia de la nueva clase obrera industrial del siglo XIX “el proletariado” condujo a los pensadores del momento a pensar ¿Y quién pensaba en aquel mundillo? ¿Un obrero analfabeto que trabajaba 16 horas al día? ¿Un campesino analfabeto que trabajaba de sol a sol? ¿O un señorito que no daba palo al agua y pasaba la vida escribiendo sus flatulencias mentales? Respóndete tú mismo. 

Ellos, los conductores del pueblo, los elegidos por la mano divina para conducir a la manada histérica, histérica con toda la razón del mundo, hambrienta y llena de odio, siempre el odio. Agitar el odio es muy productivo pues conduces fácilmente a las masas, al rebaño, allá por donde quieres. Ellos debían proponer soluciones para acabar con aquella sociedad putrefacta. Y pensaron. Y escribieron. Y de entre todos ellos, uno resaltó por encima de los demás. Carlitos el barbudo, que en su vida trabajó, que vio cómo su esposa y sus hijos pasaban calamidades abandonados a su suerte para dedicarse a sus comecocos mentales. Y el tal Marx escribió alguna cosa aprovechable, no lo niego… y mucha broza, sobre todo mucha broza, todo ello leído por muy pocos de los que se colocan a sí mismos la etiqueta de “socialista”. Querido Sancho, te aseguro que si lo leyeran y, además lo entendieran, más de uno sufriría un infarto intelectual, lo cual se resume en lo siguiente:

1.- TEORÍA DEL VALOR: Para Marx, el valor de los productos, su verdadero precio, es la suma de su materia prima más el factor trabajo que se ha empleado para fabricarlos. Ese es, en realidad, el coste de producción. Marx seguía los postulados de la Escuela Clásica de Economía (Adam Smith, Malthus, etc.). Repito, el coste de producción, según Marx, es el valor real del producto. Si su precio es mayor a su valor, es decir, a su coste, genera una diferencia que se llama plusvalía (plus = más, valía = valor) y la plusvalía se la queda el empresario en concepto de beneficio, pero esa plusvalía, según Marx, debería pertenecer a partes iguales tanto a los empresarios como a los obreros. Ese fue su principal aporte intelectual. Simple, sencillo. Cualquier mente elemental lo entiende. Por eso Marx hizo un planteamiento dirigido a mentes elementales, las de los pobres y oprimidos proletarios del momento.

Ejemplo: Imagina que con tus magníficas dotes artesanales, querido Sancho, fabricas un serón y tardas una hora en hacerlo, siendo el precio de la hora de trabajo de 15 maravedíes. Y yo soy quien facilita el esparto para fabricar el serón que me costó otros 15 maravedíes en la Feria de Mula do mora mi hermano José Pascual. Para Marx, y para nosotros, en principio, el serón vale realmente 30 maravedíes (15 de material y 15 de mano de obra) pero lo vendemos por 50 para ganarnos algo. Con ello obtenemos una plusvalía de 20 maravedíes que deberían repartirse a partes iguales entre todos los que hemos intervenido en hacer el serón. Según Marx, 10 maravedíes deberían ser para tu ilustre persona, y otros 10 para mí. Pero como yo soy el empresario capitalista malo, gordo y bribón, me quedo con los 20 maravedíes, me fumo un puro y sólo te pago tu hora de trabajo. Y, además, como controlo el poder del Estado te puedo meter en la cárcel, torturar, juzgar, condenar y cosas peores si protestas. 

A primera vista estamos hablando de algo que es justo, repartir el beneficio entre los dos es como debería ser según dicta la razón y la moral que pregona la Santa Madre Iglesia, pero la cosa no es así de simple en la realidad pues ya te dije antes que simplificar suele ser injusto y conduce a errores ya que no se puede obviar la incidencia de otros factores o circunstancias. 

La verdad es que ni tú ni yo podríamos poner el precio que quisiéramos al serón en un mercado donde hay mucha gente que fabrica serones ¿Por qué? Porque otros trabajarán más por menos dinero, comprarán materiales a más bajo precio y tendrán artilugios que les permitirán hacer muchos serones en el tiempo en que tú haces solamente uno. Seguro que ellos pondrán un precio más bajo que nosotros no podremos igualar. Entonces te pregunto: ¿Cuál es el valor de un serón? ¿Nuestros 30 maravedíes de coste de producción según Marx o los 10 que le cuesta hacerlo al vecino bachiller que tiene una máquina que hace 500 serones en una hora? Fíjate. El bachiller podrá venderlos a 12 maravedíes. Se ganará sólo 2 en cada serón, pero venderá miles de ellos al ser tan baratos, millones, todo el mundo tendrá serones, el serón al alcance de todos y no de unos pocos privilegiados o tontos que pagarán nuestro precio de 50 maravedíes. Fíjate otra vez: 2 maravedíes que el bachiller se gana de plusvalía o de beneficio en cada serón, multiplicados por un millón de serones que vende porque son bastante más asequibles, le ofrecerían un beneficio de 2.000.000 de maravedíes. Imposible competir tal y como lo estábamos haciendo.

Para no quedarnos rezagados en la industria del serón, tú y yo decidimos asociarnos y pides un préstamo hipotecando tu casa, que te la podrán quitar si no pagas cada mes el recibo correspondiente al no salir bien el negocio, tu jumento y hasta el sombrero de paja que tanto sol te ahorra en la mollera. Yo hago lo mismo, hipoteco todo lo que tengo, que no es mucho. Nos gastamos un dineral en una súper máquina de hacer serones, una fortuna en anunciarnos en las cadenas de televisión y radio, fabricamos miles de millones de serones y contratamos a 300 obreros y un par de secretarias jamonas para hacerlos y venderlos. Atención, peligro, pueden llamarme machista por lo del “jamonerío”.

Ahora podemos vender los serones a 5 maravedíes. Y es que con la súper máquina cada serón nos cuesta hacerlo 4 maravedíes y nos queda 1 de plusvalía. Ahora nuestras cuentas serían: 1 maravedí x 10.000.000 de serones que vendemos en un mes = 10.000.000. Nuestras ganancias se han multiplicado exponencialmente y además hemos dado trabajo a 300 obreros, obreras y obreres (vayamos a tonterías y tonteríos), 300 familias que ahora viven bien y dos secretarias jamonas (no lo retiro) que antes estaban en el paro y ahora van cada semana a hacerse las uñas. 

Te pregunto: ¿repartimos los 10 millones de maravedíes de la plusvalía obtenida con todos ellos como dice Marx? Ellos no han hipotecado sus casas, ni sus jumentos, ni sus gorros de paja, ni han arriesgado su propia vida ni la salud con preocupaciones, ni han trabajado 24 horas al día como nosotros para poner a flote nuestra empresa, ni han pasado noches en vela pensando en cómo pagar las nóminas, ni tienen una úlcera por culpa de las irritaciones que pillamos con los dichosos serones. Mientras nosotros nos dejábamos el pellejo organizándolo todo, haciendo contratos con auténticos leones del engaño, buscando dónde vender los serones, peleándonos con 20.000 funcionarios y otros tantos banqueros, ellos, tras su horario de trabajo, se iban a tomar cervecitas y a comer pescaíto. Debes convenir conmigo en que no está en la conciencia de ningún cristiano de tu época, ni de los que sean que hay ahora, el repartir lo que considera suyo. Es necesario concienciar al personal para que repartan entre todos voluntariamente las ganancias, buscar un prototipo distinto, “un hombre nuevo” que piense en el bien común y esté dispuesto a repartir el fruto de su iniciativa, de su inteligencia y de su trabajo con los demás. Ese fue otro aporte intelectual de Marx.

Te preguntarás: ¿Por qué ahora nos cuesta hacer un serón solamente 4 maravedíes? Te respondo con otro ejemplo sencillo, con un artilugio parecido a la imprenta que tú sí conociste. Si compras una fotocopiadora que cuesta 1.000 maravedíes y haces sólo una fotocopia (un pergamino impreso) sabiendo que un pergamino cuesta 1 maravedí ¿Cuánto ha costado la fotocopia que has hecho? Sencillo: 1.001 maravedíes. Pero si haces 50.000 fotocopias ¿Cuánto cuesta cada una? Está claro: 50.000 maravedíes (de 50.000 pergaminos) + 1000 maravedíes que costó la fotocopiadora dividido entre 50.000 fotocopias obtenidas = 1,02 maravedíes cada fotocopia. Y según vayas haciendo más fotocopias con la misma máquina, más se irá abaratando el coste. 

Lo que importa, amigo Sancho, es que finalmente hemos competido, hemos mejorado el mercado. Ahora todo el mundo puede comprar serones a un precio más asequible aunque, eso sí, hemos fastidiado a la competencia. Hemos beneficiado a muchos cristianos que ahora tienen serones baratos con el coste de perjudicar a unos pocos competidores. 

Mientras masticas el potaje que te he hecho ingerir, te cuento que cuando tú compartías las valerosas aventuras de Don Alonso, fue cuando surgió una olvidada escuela de ilustres pensadores formada por compatriotas nuestros, la Escuela de Salamanca, olvidados a conciencia por todos los estirados enemigos de nuestro reino, los franceses, holandeses, ingleses y alemanes que escribieron la Historia Oficial que se estudia en todo el mundo desde los siglos XIX y XX y, lo que es peor, por muchos españoles presuntos intelectuales que, en realidad, fueron y siguen siendo unos acomplejados buscadores en tu edad dorada de la responsabilidad de que se hundiera la grandeza de nuestro reino. Noventayochistas y posteriores ejemplares que ni tan siquiera mencionan la existencia de estos pensadores españoles y sus postulados a los niños en la escuela, ni en el instituto, ni casi en la universidad, quizás porque la mayoría de aquellos prestigiosos señores eran curas. Bien sabes que en tus tiempos el que estudiaba: o era cura, o era ricachón. Pues bien, estos señores salmantinos ya dijeron en su momento que EL VALOR DE UN PRODUCTO ES AQUEL QUE LOS COMPRADORES ESTÉN DISPUESTOS A PAGAR y no así su coste de producción.

Elemental deducción. En nuestro ejemplo, si vendemos cero serones porque les ponemos un precio muy alto ¿Cuánto vale nuestro serón? Pues cero. Nos comemos los serones con patatas y adiós a nuestro común ambigú. Por tanto, la base teórica de la economía marxista es un error en sí misma, un error que han mamado muchos de estos presuntos intelectuales de las izquierdas y no de izquierdas. Y es que, amigo Sancho, dos siglos antes de que el barbudo se devanara los sesos con sus teorías los economistas españoles demostraron que equivalían a un petardo fallido. Pero, claro, eran españoles, y además curas. Qué asco. Caca, culo, pedo, pis. 

El mercado es quien fija el precio en una economía libre debido a la competencia entre los distintos componentes del propio mercado y a lo que los compradores quieren o pueden pagar. En una economía socialista, es el Estado, o séase los políticos de turno, quienes deciden qué producir, cómo producir, para quién producir y a qué precio, las cuestiones elementales de la Economía, mediante planes o economía planificada sin tener en cuenta aquello que las personas desean o necesitan. Es una economía intervenida la socialista en la que la iniciativa privada no existe, no hay posibilidad de competir. Los medios de producción son del Estado, repito, manejados por los políticos o militares que se adueñan del mismo, o bien los intervienen a base de leyes, de impuestos y trabas interrumpiendo la libertad y la iniciativa de los ciudadanos que es la que, en realidad, crea la riqueza social a base de competir. 

Lo lógico, querido Sancho, tú que eres docto en cuestiones de sentido común, es que primero hay que generar la riqueza, y luego hablaremos de repartirla, pero si no se crea riqueza lo único que se reparte es miseria, tal y como terminan haciendo todos los países o regiones gobernados por el socialismo y sus sucedáneos o derivados camuflados. El Estado debe existir, sin duda, es necesario, es fundamental, pero sólo para establecer las reglas esenciales y vigilar que no haya abusos. Sólo debe intervenir en cuestiones fundamentales, en repartir debidamente el excedente de la riqueza social generada y en casos de necesidad. Esa es la base de las teorías liberales, pero en esas sociedades de economía libre ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿a los políticos? Bien sabes que los políticos, en una sociedad democrática, son el reflejo de la propia sociedad. En estas sociedades de nuestro tiempo cada reino tiene lo que quiere o se merece. 

Hoy se empieza a reconocer el valor de aquellos pensadores salmantinos, y la doctrina general de la Economía moderna acepta que la plusvalía, que la teoría del valor marxista, es algo muy relativo y difícil de concretar pues depende de variables mucho más condicionales y más difíciles aun de prever que el valor de un coste o de un precio establecido sólo sobre supuestos contemplados a priori por unos ineptos políticos sin contar con la realidad futura del mercado. Por ello, los gobiernos de los países occidentales sólo intervienen algunos precios para productos esenciales (medicinas, electricidad, agua)  o en momentos determinados de necesidad. Cualquier otra intervención distorsiona el mercado y, a la larga, resulta perjudicial para el global de la sociedad.

2.- ESTRUCTURA Y SUPERESTRUCTURA SOCIAL: Amigo Sancho, la otra pata del banco para Marx, la composición social, además de dividirse en clases que siempre han estado luchando entre sí a través de la historia, se basa en dos aspectos o conceptos fundamentales:

A) Marx llama “ESTRUCTURA SOCIAL” a los elementos que conforman la economía de una sociedad, es decir, al conjunto de medios de producción (fábricas, recursos naturales, conocimientos técnicos, etc.), a la mano de obra o fuerza de trabajo y a las relaciones entre los dueños de los medios de producción (la burguesía) y la mano de obra (el proletariado). Para Marx, el proletariado debía hacerse con el control de toda la estructura social, apoderarse de todo lo relativo a la economía, derrocando a la clase burguesa para que sólo existiese una clase, la propia del proletariado quien impondrá su dictadura (del verbo duce, dicto, decir, es decir y valga la “rebuznancia”, en definitiva: el proletariado es quien dice lo que se hace… perdona si me río). Esto sólo es posible bajo una dirección fuerte, férrea, sin contemplaciones, un partido político hegemónico, único, así lo dijo después Lenin, costase lo que costase, sembrando el terror, un mal necesario para conseguir un bien final. El fin justifica los medios, dijo ese gran visionario responsable de millones de muertos.

Y ese bien final, ese objetivo, no es otro que alcanzar una sociedad donde todos los hombres sean iguales, donde impere la idea de “el hombre nuevo” de Marx, aquel que pone por encima de sus intereses a los intereses sociales. Dirás con tu excelsa sapiencia que es algo anti natural, pues ¿quién es el cristiano que pone los intereses sociales por encima de los suyos propios? Y este hombre nuevo se conseguirá una vez tomado el poder y desde el poder, es decir, será el Estado, el partido socialista o comunista, vamos, sus políticos, quienes adoctrinen a las personas en ese ideal común hasta llegar al último escalón del socialismo: “el comunismo”. Pero esto falló en la práctica. Sólo hay que ver lo que ha dejado el socialismo real detrás de sí. 

Y los partidos de izquierdas se quedaron huérfanos de ideas y de dinero porque la mamá URSS dejó de amamantarlos tras la Perestroika y la caída del muro de Berlín.  - Qué hacer. Todos chupamos y vivimos de esto - se preguntaban conmocionados - Qué hacer con el rebaño que aun nos sigue y que se cuenta por millones. Ya no tenemos ideas ni marketing para seguir embobándolos, ni tampoco dinero para financiarnos. - Entonces, el otro barbudo, el de Cuba, reunió a todos los dirigentes para analizar la situación y trazar nuevos planes globales. Un tío listo, muy listo, el más listo de todos los mandamases socialistas de la historia, sin lugar a dudas. En realidad buscaba el petróleo venezolano y los recursos brasileños al haber perdido el dinero soviético, aprovechando que Chávez y Lula da Silva gobernaban sus respectivos países. 

Así nació el Foro de Sao Paulo en 1990. A través de varias reuniones, en distintos años, las izquierdas del antiguo imperio español trazaron el nuevo plan. Para financiarse usarían el petróleo venezolano y la droga de las FARC colombianas. También encontrarían apoyo en movimientos interesados en una Sudamérica y en una Europa débiles y revueltas, concretamente en determinados poderes financieros e islámicos. Y las nuevas ideas que necesitaban las encontraron en el propio Marx, precisamente en la parte a la que el greñudo no dio demasiada importancia por considerarla secundaria, concretamente en la “superestructura” de la sociedad.

B) Marx llamó “SUPERESTRUCTURA” a la confluencia de dos cosas: Primero al amasijo ideológico de la sociedad, es decir, a los valores, a las costumbres, a lo bien visto, a lo comúnmente aceptado por todos en lo cotidiano y a lo que, en definitiva, marca el “rollo” social. Y segundo a la estructura jurídico-política, es decir, a la organización política y a las leyes que rigen el país. Marx inicialmente pensó que para dominar esta superestructura primero era necesario dominar la estructura inferior que te dije antes, para que, a partir de ella, conseguir este segundo nivel y con él el “hombre nuevo”. Y estos nuevos pensadores paulistas, viendo que a través de la estructura fue imposible imponer el socialismo, decidieron actuar directamente en la superestructura. Para ello había que fomentar todas las tendencias que pudieran romper el “rollo” social de occidente, el mismo “rollo” que sustenta al capitalismo. Se inventaron lo del heteropatriarcado, diciendo que la familia tradicional es la unidad básica de la sociedad capitalista, bien como unidad económica elemental, bien como unidad ideológica, fomentada y protegida por el cristianismo, el gran enemigo de la izquierda, la Iglesia Católica. 

¿Y cómo atacar la figura de la familia tradicional? Sencillo. Primero atacando a la heterosexualidad. Si conseguimos que los homosexuales obtengan un papel predominante en el marketing social conseguiremos diluir el papel de la familia tradicional heterosexual donde domina el hombre, el patriarca familiar capitalista, así conseguiremos implantar nuevas formas familiares que sean fáciles de romper, que no tengan demasiada continuidad en el tiempo. El matrimonio homosexual como herramienta fundamental. 

Todo eso está muy bien. Nada debe tenerse en contra de ello salvo en el estricto sentido del término matrimonio, que significa oficio de madre. Otro día te lo cuento. Simplemente resulta chusco ver cómo se utiliza una tendencia o un simple gusto sexual e íntimo perteneciente al ámbito privado de la persona para hacer política y llenarse los bolsillos a través de subvenciones, cargos, enchufes, etc. Los que antes fusilaban y torturaban a los homosexuales sólo por serlo en la URSS, en China y en Cuba ahora son sus más fervientes defensores. Y así puedes ver a los del orgullo gay lucir la camiseta con el Che Guevara, el que confeccionó el primer campo de concentración específico para homosexuales, para reeducar al hombre cubano a base de palos y ejecuciones. Cosas veredes, amigo Sancho.

Otra herramienta que utilizan es el feminismo que ya no lucha, como antes luchaba, por igualar los derechos de la mujer con los del hombre sino que fomenta directamente el odio hacia el hombre, hacia el macho, hacia el patriarca capitalista, o el lesbianismo que fomenta el matrimonio homosexual, o el aborto. A título de curiosidad, desde que se aprobó la primera ley en España se han realizado más de un millón de abortos, un millón de españolitos que no han nacido y que podrían contribuir en un futuro a nuestro bienestar, por ejemplo trabajando y pagando pensiones, por no entrar en otras cuestiones espinosas. 

Nos atacan nuestras costumbres para que dejen de ser bien vistas, como con el lenguaje y la “lenguaja” inclusivo, inclusiva e inclusive. Igualmente también lo hacen con el ecologismo, asustándonos con mentiras apocalípticas sobre el calentamiento caliente del globo del mundo mundial y global, con la niña esa, que parece no tener que ir al colegio, y con la contaminación, siendo China un país socialista que contamina tanto como todo el resto del mundo juntos, o con el indigenismo en Sudamérica, mintiendo descaradamente sobre lo que hicieron allí sus abuelos españoles, porque los nuestros se quedaron aquí, o simplemente pactando y apoyando disimuladamente, o no, a los independentistas catalanes y vascos.

Cualquier cosa vale para agitar la sociedad, para conseguir subvenciones a través de ONGs y de fundaciones, etc. Ya lo dijo el perverso Zapatero cuando lo pillaron hablando fuera de micrófono con Iñaki Gabilondo (hay que tensar, hay que agitar). Y todo ello para ir transformando la conciencia social y las leyes. Ya vamos viendo los resultados. Ya tenemos leyes sobre el matrimonio homosexual, sobre el aborto, sobre la ideología de género, etc. La superestructura empieza a moverse. La están agitando.

El consuelo que, a nivel ideológico, nos puede quedar es que derribar un edificio de más de 2.000 años de cultura greco-romana resulta muy difícil, y ellos lo saben. Pero mientras tanto manejan a su rebaño a través del odio, un rebaño formado por aquellos que estudiaron en profundidad todo lo que te he dicho… y les resulta muy rentable.
 
 

 


 



 




 





 






 







 








 









 










 











 












 













 














 
















 
















 












 


















 



















 





















 




















 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

miércoles, 23 de enero de 2019

LLORAR POR ESPAÑA



¡GRANADAAA!
           ¡QUÉÉÉÉ!

«Doquiera que estamos lloramos por España; que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural… es el deseo tan grande que casi todos tenemos de volver a España, que los más de aquellos, y son muchos, que saben la lengua como yo, se vuelven a ella, y dejan allá sus mujeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen; y agora conozco y experimento lo que suele decirse: que es dulce el amor de la patria.»




Así te hablaron de nuestra España, querido Sancho,  cuando tuvisteis aquel encuentro con tu desterrado vecino Ricote, nada más y nada menos que tres siglos antes de que los llamados liberales decimonónicos, meritorios prestidigitadores, sustrajeran de una chistera a la nación española. Algo así es lo que proclaman muchos de los presuntos intelectuales en este, mi tiempo, plurintelectuales que alcanzan a ser tan pluripollinos como tu jumento, aunque algunos otros, cuyos rebuznos se dejan oír en numerosos medios de comunicación, certifican que no fueron los liberales sino que fueron sus majestades Doña Isabel y Don Fernando los auténticos creadores de la nación española; y también abundan esos otros rucios de encefalograma cuasi plano que dejan al descubierto su única neurona al declarar la nación española como un montaje nacionalista promovido por el mismísimo Franco. Alguno de esos borricos, corto de estatura y más aun de mente, incluso me llegó a jurar en cierta ocasión que tu España y la mía, amigo Sancho, no han existido nunca.

Si pudieras ver lo que yo veo, verías en Wikipedia cómo definen y hablan del nacionalismo español. Cosas veredes, amigo Sancho... Que ¿qué es Wikipedia? pues un lugar al alcance de todos donde cualquier vecino puede depositar desde conocimientos verdaderos hasta las heces mentales más hediondas y demás flatulencias cerebrales. También cuentan que el concepto de "nación" ha variado a través de los siglos, como lo han hecho otros miles de conceptos ¿O no es cierto que la mujer rolliza era símbolo de belleza en tu época y ahora lo es la enjuta? Ahora llaman a España plurinación de plurinaciones plurinacionales. Cansado está uno, amigo Sancho, de caminar entre estercoleros ideológicos que entierran las verdades bajo el capricho de intereses políticos y demás defecaciones propias de menguados raciocinios.

Y fue Don Miguel, en el relato de tus andanzas, quien describió a la verdadera nación española, a esa España que es gallega, manchega, castellana y aragonesa, a Murcia la bella, do habita mi hermano José Pascual, o a Barcelona; esa España poblada de curas, bachilleres, mercaderes, labriegos, trashumantes, venteros, ladronzuelos y vagabundos sin más diferencias que las acuñadas por el hambre y la injusticia.

Ya te dije en alguna ocasión que en el año 624, Isidoro de Sevilla nos dejó escrito su "Laus Spaniae", y allí elevó España a la categoría de primera nación de Occidente, entendiendo "nación" como la concebían los paisanos de su época, concepto que curiosamente se parece bastante al  que hoy muchos intuímos, a pesar de las indefiniciones con las que nos pretenden confundir. A saber:

  • un espacio geográfico: la península situada bajo los Pirineos;
  •  
  • una población sometida a un Ordenamiento Jurídico que regía la forma de vida de sus habitantes: el Derecho Romano;
  •  
  • una entidad política con capitalidad y Corte en Toledo;
  •  
  • una religión: la católica,
  •  
  • una única y homogénea imagen proyectada hacia el exterior, pues todo extranjero se refería a "España" cuando hablaba de cualquiera de los lugares de esta cosa que ahora llaman "Estado" antes de que nacieran muchos de los nombres que hoy identifican a esos lugares;
  •  
  • y una Historia común que arrancó con el dominio romano, allá en el siglo III A.C.
  •  
También bajo el reinado de Mauregato (siglo IX), Beato de Liébana en su himno litúrgico "O verbum Dei", proclama al apóstol Santiago como patrón y protector de España en la lucha contra el invasor, mas no así protector de Gallecia ni de Asturias ni de Cantabria, focos iniciales de insurrección contra el invasor islamita; y también viene al caso decir que son conocidas numerosas citas de aquellos reyes cristianos y españoles durante la Reconquista proclamándose a sí mismos reyes o emperadores de España, y que constantemente citan su voluntad de "luchar contra el moro" por recuperar la patria perdida al grito de "Santiago".

Y es aquí donde llegamos al asunto del que hoy quería hablarte, precisamente sobre la referida "no existencia" de España en el siglo VIII y la refulgente creación del paraíso de Al Ándalus, territorio sobre el que quieren vincular los antecedentes de Andalucía esos lerdos de turno adoradores del botarate y converso al islam Blas Infante, pues nada tiene que ver con ello, ya que Al Ándalus comenzó en el Algarve y llegó hasta Finisterre, desde Gibraltar a la cordillera Cantábrica, y desde Almería al Pirineo.

Abundan por estas zahúrdas muchos plurimendrugos que declaran que los musulmanes, árabes, sirios y bereberes, nunca invadieron España. Supongo que en su lugar fueron los aborígenes australianos los que por aquí vinieron y aquí se quedaron, o quizás fuesen japoneses y coreanos los que a golpes de falcatas, cimitarras y jinetas acariciaron dulcemente los cuellos de aquellos, nuestros abuelos españoles, que se les opusieron. Por suerte aun quedan cronistas honrados, como mi admirado historiador Sánchez Saus,  meritorio estudioso de aquella época quien afirma que, además de la sucia traición del conde de Ceuta, Don Julián, y de los visigodos traidores partidarios de Witiza, la principal causa victoriosa de la invasión de España por los musulmanes
 
"Fue la decidida agresión de un poder de enorme capacidad militar en plena expansión en ese momento, capaz de levantar los ejércitos más imponentes y derrotar a los adversarios más temibles. El reino visigodo hubo de enfrentarse a la primera potencia militar de la época y fue destruido tras una guerra mucho más dura y larga de lo que suele creerse"

Así desmiente la trola que ahora nos quieren destilar de que los musulmanes no nos invadieron sino que vinieron aquí para hacer turismo, y en su plácido descanso negociaron con lo más florido de la casta de la época, quienes aceptaron de buen grado cambiar su dictatorial religión por el islam, por ser ésta una religión más moderna, más verdadera, más avanzada, más culta y más tolerante que la católica. De ese modo, en palabras de Sánchez Saus, ocultan que
 
"…implantaron un régimen perverso para la humillación continua de judíos y cristianos, suponiendo el sometimiento político, religioso, la inferioridad jurídica y moral y la discriminación en todos los órdenes sociales y ámbitos de la vida cotidiana" 



A título de ejemplo de esto último podemos decir que el testimonio de un cristiano, o de un judío, nada valía ante un tribunal; también habían de levantarse en señal de respeto cuando entraba un musulmán en una estancia, o no podían montar a caballo ante su presencia y sólo podían pasarle por el lado izquierdo, lado por ellos considerado maldito. Y eso sólo son cosillas menudas del día a día, querido Sancho, porque no vamos a entrar en profundidad sobre otras cuestiones como que Córdoba fue el principal mercado de esclavos de Occidente. Al respecto cuentan algunos historiadores, aunque ya sabes mi escepticismo sobre las cifras, que fueron 18 millones de esclavos los sometidos en el imperio musulmán frente a los 9 millones de esclavos negros que llevaron los europeos a América.

Tampoco te hablaré sobre las 20.000 familias expulsadas de Córdoba en el año 796; ni de las otras expulsiones que vinieron en años posteriores; ni tampoco sobre las miles de condenas a muerte por simple delación de cualquier musulmán que no soportaba a un vecino cristiano o a un judío acusándolo de insultar al islam; según decretos como el de Abdel Rahman II en al año 815; ni hablaremos de la destrucción de todas las iglesias sobre las que plantaron una mezquita, como la cordobesa de San Vicente en Córdoba, que hoy quieren expropiar.


Ni tampoco te hablaré de los impuestos abusivos por profesar otra religión, a pesar de tener estatus de dhimmis; ni de los saqueos, violaciones y persecuciones cotidianas; ni de las quemas de bibliotecas romanas y visigodas, incluso bibliotecas de alguno de sus correligionarios que pretendió eludir ese fanatismo como la biblioteca de Al-Hakam II, con 600.000 volúmenes, muestra del nivel tolerante y cultural andalusí; ni de las masacres de cientos de judíos en la Córdoba de 1.010; o en la Granada de 1.066; ni de las migraciones en masa de cristianos hacia el norte huyendo de la muerte por el hecho de ser cristianos, como la de 1.125 cuando intentaban alcanzar al ejército de Alfonso de Aragón; ni tampoco del éxodo masivo de Sevilla en 1.146 con la entrada de los almohades; ni de las señales distintivas que debían exhibir cristianos y judíos a partir de 1.184, al igual que lo hicieran con la estrella de David en la Alemania nazi, etc. etc. etc.

 
Y esto es lo que sucedía, amigo Sancho, en su Al Andalus tolerante, en el Al Andalus de las continuas decapitaciones en masa, según estudios de Cristina de la Puente, en el admirado y deificado Al Ándalus por estos cebollinos, una cultura que nos dejó en ocho siglos numerosos intelectuales… a ver que busque… ¡ah, sí! como Maimónides, judío él, que tuvo que huir hasta El Cairo para salvar el cuello, o como Averroes, musulmán él, que fue desterrado, censurado y destruida la mayor parte de su obra. Y no te cuento nada sobre lo que les hacían a los cristianos del norte cada verano en sus aceifas o correrías. Aquellas pobres gentes harapientas que vivían destripando terrones y peñascos empujando un arado de sol a sol, con la espada o la hoz melladas preparadas para defender a su familia de los jinetes sarracenos que aparecían para quemar su granero, violar a su mujer e hijas y degollarlos o llevarlos a todos para ser vendidos como esclavos en la muy pura y bella ciudad califal cordobesa, o bien a la taifa de turno, pero esa es otra historia de la que quizás hablemos algún día.
 
"Nunca hubo armonía, eran tres comunidades yuxtapuestas con intercambios comerciales, económicos y administrativos. Lo que había eran dos culturas y tres religiones porque los judíos tendieron a adoptar la cultura romance o la árabe. Era lo más parecido al Apartheid de Sudáfrica"
  

Así nos lo cuenta Serafín Fanjul, otro de mis admirados historiadores, para concluir en sus estudios sobre Al Andalus diciendo que "fue una época terrorífica". Y hoy, querido Sancho, se miente, se oculta la verdad y se idealizan aquellas aberraciones, que lo fueron tanto o más que cualquier otra aberración histórica cometida por cualquier otra cultura medieval o antigua, para poner en jaque el nombre de España, para decir que los cristianos, herederos de Roma, de su Derecho, de su tradición, de su tecnología y de sus costumbres, los españoles de la muy rica Bética, de la Tarraconense y de la Lusitania, ahora disgregados y aislados en feudos para sobrevivir tras el tremendo caos que originó la desaparición del Imperio, eran unos asnos salvajes que sucumbieron ante el esplendor de aquellas refinadas e instruidas tribus del desierto organizadas en torno a los mejores ejércitos de la época.

 
Y no, no hubo en nuestras tierras una convivencia tolerante y pacífica durante el período medieval. Jesús Laínz nos dice que:
 
"La clave del enfrentamiento fue, evidentemente, el infranqueable abismo religioso que separó a musulmanes, cristianos y judíos. Dicho abismo, nunca se cerró en los largos siglos de Reconquista y, lamentablemente, sigue muy lejos de cerrarse en todo el mundo un milenio después".
 
Y casi todos nuestros políticos beben y vomitan esa gran mentira, cosa que no es de extrañar debido a su excelso nivel cultural, pero lo que es peor: muchos de nuestros profesores y maestros también adolecen de ello y transmiten, inocentemente o no, a nuestros hijos falsedades como esta:
 
"Hoy, Boabdil representa una última resistencia contra la intolerancia religiosa, el poder fanático y la ignorancia cultural; su entrega de la ciudad y reino de Granada simbolizó la pérdida de la fecunda creatividad intercultural, renovación y convivencia nacidas de la conquista musulmana de España"
 
Querida señora Drayson, al menos reconoce usted que sí hubo en realidad una conquista por parte de los musulmanes y… señor Gibson y demás adláteres de la subvención y de la mamandurria, no es sano ocultar aquellas fuentes que no interesan para construir su propia versión de los hechos pues el conocimiento se convierte así en podredumbre, y de esta forma es de la que huelen muchas de nuestras universidades.
 

Mi buen amigo y hermano José Ruíz, comentando las protestas por la celebración de la Toma de Granada, me dijo en cierta ocasión que la Historia no se puede cambiar aunque pretendan hacerlo. Sé a ciencia cierta, que tras esta lectura, querido Sancho, cambiará de opinión, aunque también sé que él se refirió a que son los hechos los que no se pueden cambiar, pero la Historia no sólo son los hechos en sí, sino cómo éstos se cuentan, o se inventan. Y es por ello, por estas maneras de contarnos la realidad, por lo que algunos lloramos por España.

Y que no nos vengan con la trola de que nuestro reino no era "España" sino "Hispania", que es como se nombraba en latín. Hoy tampoco decimos "aqueductus", ni 'mater", ni "terra", ni "annus", por ejemplo.

"Gilipollas" (R.A.E.): Necio o estúpido.
Anda que no hay de esos, esas y eses en mi tiempo, querido Sancho...

 

jueves, 6 de septiembre de 2018

ENTRE FACHAS, PROGRES Y GILIPOLLAS



"Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces"


Aún peor la mayoría de las veces, diría yo, querido Sancho.


Hoy quisiera hablarte de una de las epidemias más trágicas que asolan nuestro reino desde tiempos pretéritos y que, en esta mi época, se manifiesta con mayor intensidad. Me refiero a los gilipollas. Quien esté libre de haber hecho alguna gilipollez que tire la primera piedra, podría decir cualquier gilipollas, aunque no por haber hecho algunas gilipolleces en la vida se es digno de estar incluido en dicha categoría pues en tal caso todos sin excepción lo seríamos, sino que, más bien, pertenecen a ella los que habitualmente las hacen o aquellos que defienden planteamientos vitales de carácter gilipollesco, los cuales por naturaleza son dignos y meritorios representantes de tal estirpe. También hay gilipollas por inocencia, es decir, por haber bebido de sapiencias engañosas, aunque estos más bien son del tipo "tontolhaba" que es algo así como un gilipollas exento de maldad. Ya D. Francisco de Quevedo nos adelantó algunas cuestiones relativas a tales individuos en su "Genealogía de los modorros". Y como los locos, los gilipollas suelen creer que no lo son.


Nos cuentan algunos lingüistas que del término árabe "yahil", "yihil" o "gihil", que significa "bobo", deriva nuestro "gili", aunque son otros muchos los que afirman que es un término adscrito al caló, de "gil" que significa "necio". Y no es cierto ese bulo de que al órgano viril le llamen polla (gallina) por estar situado encima de los testículos (huevos) sino que afirman que la palabreja proviene de los romances latinos, concretamente de "pulla", que es una vejiga que se hincha, o también una vara inhiesta terminada en punta o capullo. Vengan de donde vengan lo que sí sabemos es que el matrimonio entre ambas palabras se produjo allá por el siglo XIX, apadrinado por D. Francisco Rodríguez Marín, buen poeta y estudioso del folclore, y también sabemos que fue el gran maestro Galdós, en su obra "Misericordia", quien dio el empujón definitivo para que este maridaje léxico se extendiera cual sacramento por doquier, recibiendo una gran acogida por ser expresión que describe fielmente a esa manada pandémica de la que te hablo.


El gilipollas más típico es aquel que habla convencido de ser sabio. Para este individuo todos los que no piensan como él son gilipollas, y en la barra del bar conversa con los amigos manteniendo la sensación interna de estar tratando con pobres gilipollas a los que debe iluminar con su sabiduría. Este tipo de gilipollas se manifiesta especialmente cuando habla sobre cuestiones políticas, principalmente desde posiciones progres, aunque también cohabitan multitud de correligionarios de la gilipollez en otras trincheras ideológicas, pero sucede que éstos suelen darse menos a conocer por la sencilla razón de que el progre gilipollas necesita destacar, bien con sus palabras, bien con su indumentaria, sobre todos los que están a su alrededor para satisfacer y retroalimentar su convencimiento ególatra de superioridad moral e intelectual. Por tal motivo es por lo que hoy te hablo de este tipo de gilipollas, simplemente por ser de los que más abundan, aunque no por ello, querido Sancho, son más gilipollas que los existentes en otras raleas, sencillamente se hacen notar más.


Para estos individuos existe una frontera que determina casi todos los aspectos de su propia vida que no es otra que la que divide al mundo entre progres y fachas. Sí querido Sancho, ya sé que te estás preguntando qué es un progre y qué es un facha pues en la época de tus andanzas no existían vecinos de estas layas. Verás qué rápidamente lo entiendes. Según el progre: él es el bueno y el facha es el malo. El progre es de izquierdas y quiere lo bueno para todos, una especie de cristiano y de revolucionario activo pero alejado de Dios y enemigo acérrimo de los curas y de todo lo religioso, mas no así de lo musulmán, es el defensor de los pobres, de los trabajadores, de las mujeres y de los gays, mientras que el facha es un hijo de Satanás, de derechas, que sólo desea el mal para la mayoría de los paisanos en favor de una minoría: los ricos.

Y obsesivamente califican de facha o de gilipollas a todo el que no piensa como ellos, y se congratulan en comunidad, son felices de compartir sus planteamientos con otros progres, algo así como el gozo de pertenecer a una misma familia donde todos se regocijan de su excelsa hermandad. Para ellos la palabra "facha" es un misil dialéctico que lanzan a todo aquel que no comulga con sus ideas y que, a fuerza de repetirlo, efectivamente provoca dolor o escozor a muchos otros gilipollas que la reciben como destinatarios de tal ataque. Y esta palabra se ha convertido en un insulto como consecuencia de la gilipollez que alimenta las mentes tanto de quienes la disparan como de quienes la sufren.

"Progre" es una abreviatura de "progresista", y según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en su primera acepción, no es otra cosa que un adjetivo que califica a personas o colectividades de ideas y actitudes avanzadas… (hagamos un respetuoso silencio)… una auténtica laguna conceptual porque ¿qué es en realidad una idea o una actitud avanzada? Se lucieron con ello los académicos, querido Sancho. Pero en su tercera acepción, los mismos eruditos afinan más y dicen que la palabra "progresista" se refiere a un liberal español, concretamente del sector más radical del liberalismo que se constituyó en partido político, y resulta que los liberales se encuadran hoy en día en posicionamientos de derechas. Es decir, los doctos en nuestro idioma llaman progresistas a una parte de la derecha política, mas para nada relacionan el progresismo con las izquierdas, por lo que debemos suponer que estos últimos han afanado el término y han desvirtuado su significado. Y yo me pregunto: entonces ¿Qué son realmente los progres? ¿Son tontos del haba o gilipollas a secas de la izquierda política por llamar fachas a los auténticos progresistas, es decir a los liberales?

"Facha" es una abreviatura utilizada con carácter despectivo del término "fascista". El fascismo ha sido definido como un movimiento político y social de carácter totalitario y nacionalista fundado en Italia por Benito Mussolini tras la Primera Guerra Mundial que después se extendiera a otros países. Bien. Nadie duda que es un movimiento, que es nacionalista y que es totalitario. Pero ¿cuáles son sus fundamentos, en qué consiste? Veamos, amigo Sancho, lo que dicen algunos eruditos politólogos sobre el fascismo.

Para Roosvelt "el fascismo es la propiedad del Estado por parte de un individuo o grupo, o de cualquiera que controle el poder privado". Parece ser que el amigo Franklin no estuvo muy afinado, pues de su definición se deduce fácilmente que dentro del fascismo podríamos incluir al absolutismo monárquico, donde el Estado era propiedad del rey, y al comunismo, pues el partido comunista allá donde gobierna es quien controla todos los medios privados que pudieran existir en el Estado.

Para Ramiro Ledesma, fundador de las JONS, el fascismo se fundamenta en la unión en torno a la "Patria", concepto vago pero que se convierte en algo visceral, es un sentimiento nacionalista de pertenencia a un grupo excluyente. Está en contra de la democracia liberal, del capitalismo y del liberalismo, es decir, de esos mismos que son tildados de fachas por los progres, y del marxismo, o sea, de los propios progres. Vincula a los hombres bajo una dirección autoritaria y disciplinaria "bajo verdaderos jefes", pero nada dice de qué hacer, cómo planificar el modelo social salvo el simple sometimiento a esa jefatura arbitraria. Como el amigo Franklin, parece que Ledesma habla de algo similar al absolutismo monárquico, o al comunismo.

José Antonio Primo de Rivera nos dice que el fascismo está enfrentado al marxismo y a la democracia liberal pues se basa en la unidad en la Patria, algo que trasciende a la lucha de clases y a la lucha de partidos. Una sustanciosa definición.

Trotsky nos dice que el fascismo es toda forma de dictadura contrarrevolucionaria, que estuvo financiado por las potencias capitalistas y que emplea demagogia socialista, pero nada dice tampoco de cuáles son sus fundamentos ideológicos.

Roger Griffin define al fascismo como "una forma revolucionaria de nacionalismo que pretende ser una revolución política, social y ética, fusionando al "pueblo" en una dinámica comunidad nacional bajo el mando de las nuevas élites infusas en valores heroicos". Corramos un tupido velo.

Moisevich y Federovich, en su "Diccionario Filosófico" cuyo fundamento es el XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética nos cuentan que el fascismo es "una dictadura terrorista desatada por los grandes monopolistas y financieros cuando asumen definitivamente las riendas del Estado al llegar el capitalismo a su última fase como una forma de impedir la revolución socialista". Cuánta chicha ideológica.

Y no te caliento más la mollera, amigo Sancho, con otras tantas desacertadas definiciones pues ni en estas ni en ninguno de los textos que he podido explorar he encontrado una definición satisfactoria de qué es el fascismo como doctrina política salvo etéreas afirmaciones sobre la patria, sobre el control del Estado y sobre el sistema dictatorial, por lo que me remito a darte la del mismísimo padre de la criatura, de quien supongo algo entendería de su hijo, es decir, la del propio Benito Mussolini quien dejó dicho lo siguiente para escozor de muchos gilipollas actuales:

"Durante toda mi vida fui socialista internacionalista. Cuando estalló la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial) vi que todos nuestros partidos internacionalistas se convirtieron en socialistas nacionalistas. Eso me pasó a mí y eso es el fascismo"

Cosas veredes, amigo Sancho…